Milonga
en la ciudad de Salerno.
Bailan:
Osvaldo y Coca. Rocío y Alessandro.

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| Además, Osvaldo y Coca también
fueron invitados a bailar a Bérgamo. A sus sesenta y nueve
años de edad, es tal la conexión y el sentimiento
que ambos desprenden sobre la pista que es imposible para el que
disfruta de su tango no quedarse enganchado mirándoles.
No sólo atrapan los pies felinos de Osvaldo, o la dulzura
de Coca, o su ternura en el ritual del pañuelo y el beso
al comenzar el tango. Es ese aire de complicidad que inunda la
sala cuando ellos dos bailan juntos, y que redescubre de nuevo,
el tango salón argentino, aportándole matices y
personalidad propia. Aplausos y reconocimiento para los maestros
y también para Rocío y Alessandro, una nueva generación
que recoge con la mayor dedicación y respeto el testigo
del tango salón, o como se le conoce en Europa, el tango
milonguero. El público apreció, la búsqueda
personal de esta joven pareja, en un tango que no rompe el abrazo,
donde el sentimiento es un halo que envuelve una técnica
depurada y sutil en la que los pasos se introducen siempre respetando
el compás y ritmo de la música. |
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